¿Qué Debo Hacer? ¡Dudo Demasiado!
1. Descripción de la Situación
Hassan es un estudiante universitario de 22 años que toma sus obligaciones religiosas muy en serio. Antes de cada oración, realiza el wudu con gran cuidado. Sin embargo, con frecuencia lucha con dudas:
"¿Me lavé la cara por completo? ¿Me pasé la mano por la cabeza correctamente? ¿Y si olvidé lavar todo mi brazo izquierdo?"
A veces repite su wudu tres o cuatro veces hasta sentirse satisfecho. Esto lo hace llegar tarde a clase y, en ocasiones, pierde la oración congregacional en la mezquita. Sus amigos han notado su hábito y le dicen que está dando demasiadas vueltas al asunto, pero Hassan teme que si su wudu no es válido, sus oraciones tampoco lo serán.
2. Contexto
En fiqh, las dudas en los actos de adoración se tratan con cuidado. El Sayyid Ali al-Sistani explica que las dudas excesivas (kathrat al-shakk) no deben tomarse en consideración.
"Kathrat al-Shakk [quien duda en exceso] es aquel que duda frecuentemente, es decir, una persona que duda con regularidad en el wudu, el ghusl, o una vez en cada tres oraciones."
El razonamiento es que la duda constante puede convertirse en una forma de waswasa —comprendida como un trastorno obsesivo compulsivo (TOC)— de la cual los creyentes deben protegerse.
3. La Resolución
Si una persona duda de manera frecuente y excesiva en el wudu o el ghusl, debe ignorar dichas dudas y asumir que su wudu u otra obligación ritual es válida.
Una vez que la persona ha terminado el wudu y ha continuado, cualquier duda posterior carece de valor.
Repetir el wudu innecesariamente está desaconsejado, ya que carga al creyente y va en contra de la facilidad con la que Dios ha prescrito la religión. Además, contribuye al desperdicio en diversas dimensiones: de agua, tiempo y energía, todo lo cual es reprobado por el Creador.
4. La Acción
Hassan decide escuchar la orientación del Sayyid Sistani. Aprende que su wudu repetido en realidad no es necesario, y que al ignorar las dudas, está actuando conforme a la ley islámica.
Al día siguiente, Hassan realiza el wudu una sola vez con calma, y cuando el pensamiento familiar llega —"¿Me habrá salido bien?"— se recuerda a sí mismo ignorar esas dudas dañinas.
Poco a poco, Hassan gana confianza. Asiste a las oraciones a tiempo, sin los retrasos innecesarios de antes. Se siente más liviano en su fe, al darse cuenta de que Dios no desea la dificultad, sino la facilidad en la práctica religiosa.