La igualdad racial y el Islam
Una de las escenas más extraordinarias que contemplan los musulmanes al visitar la ciudad sagrada de La Meca durante la peregrinación del Hayy —o, de hecho, cualquiera de los demás lugares sagrados del Islam en la región de Oriente Medio— no son únicamente los lugares sagrados en sí, sino también la extraordinaria diversidad de los peregrinos que los visitan.
Es común escuchar en las noticias acerca de los millones de peregrinos que realizan el Hayy cada año, o de los millones más que visitan la ciudad sagrada de Karbalá durante las conmemoraciones de Ashura o Arbaín. Sin embargo, algo que los medios de comunicación a veces pasan por alto son los rostros de esos peregrinos. Una mirada más atenta revela una gran diversidad de colores de piel, razas y etnias. Son personas provenientes de países de todo el mundo y que hablan diferentes idiomas. Sin embargo, a los ojos de los creyentes, todos forman un solo pueblo y todos son iguales.
Dios dice en el Sagrado Corán:
«¡Oh, gente! Ciertamente, los hemos creado de un hombre y una mujer, y hemos hecho de ustedes pueblos y tribus para que se conozcan unos a otros. En verdad, el más honorable de ustedes ante Dios es quien posee mayor piedad. Ciertamente, Dios todo lo conoce y está bien informado». (49:13)
La carta de Malcolm X
El difunto Malcolm X nos ofrece uno de los mejores ejemplos de lo que acabamos de describir al relatar su primer y único Hayy, realizado en 1964. En un fragmento de una carta dirigida a sus amigos en Estados Unidos, escrita mientras se encontraba en la ciudad sagrada de La Meca, dice:
He sido bendecido con la oportunidad de visitar la Ciudad Sagrada de La Meca. He realizado las siete vueltas alrededor de la Kaaba, guiado por un joven mutawwif (guía de peregrinos) llamado Muhammad. He bebido agua del pozo de Zamzam. He recorrido siete veces el trayecto de ida y vuelta entre las colinas de al-Safa y al-Marwah. He rezado en la antigua ciudad de Mina y he rezado en el monte Arafat.
Había decenas de miles de peregrinos provenientes de todas partes del mundo. Eran de todos los colores, desde personas rubias de ojos azules hasta africanos de piel negra. Pero todos participábamos en el mismo ritual, manifestando un espíritu de unidad y hermandad que mis experiencias en Estados Unidos me habían llevado a pensar que jamás podría existir entre blancos y no blancos.
Estados Unidos necesita comprender el Islam, porque esta es la única religión que elimina de su sociedad el problema racial. A lo largo de mis viajes por el mundo musulmán, he conocido, conversado e incluso comido con personas que en Estados Unidos habrían sido consideradas blancas; sin embargo, la religión del Islam había eliminado de sus mentes la actitud de superioridad racial asociada a la blancura. Nunca antes había visto una hermandad sincera y verdadera practicada conjuntamente por personas de todos los colores, independientemente del color de su piel.
Quizás les sorprenda escuchar estas palabras de mí. Pero durante esta peregrinación, lo que he visto y experimentado me ha obligado a reorganizar gran parte de mis anteriores formas de pensar y a dejar de lado algunas de mis conclusiones previas. Esto no ha sido demasiado difícil para mí. A pesar de mis firmes convicciones, siempre he sido un hombre que intenta afrontar los hechos y aceptar la realidad de la vida a medida que las nuevas experiencias y los nuevos conocimientos la van revelando. Siempre he mantenido una mente abierta, algo necesario para poseer la flexibilidad que debe acompañar toda búsqueda inteligente de la verdad.
Durante los últimos once días aquí, en el mundo musulmán, he comido del mismo plato, bebido del mismo vaso y dormido sobre la misma alfombra —mientras rezábamos al mismo Dios— junto a hermanos musulmanes cuyos ojos eran intensamente azules, cuyos cabellos eran extremadamente rubios y cuya piel era muy blanca. Y en las palabras y acciones de los musulmanes blancos percibí la misma sinceridad que sentí entre los musulmanes africanos negros de Nigeria, Sudán y Ghana.
Éramos verdaderamente todos iguales, hermanos, porque su creencia en un solo Dios había eliminado de sus mentes, de su comportamiento y de sus actitudes aquella mentalidad de superioridad racial vinculada a ser blanco.¹
Las palabras de Malcolm describen elocuentemente una profunda comprensión de la verdadera naturaleza de la igualdad racial en el Islam. Esto se hace particularmente evidente cuando escribe: «…lo que he visto y experimentado me ha obligado a reorganizar gran parte de mis anteriores formas de pensar y a dejar de lado algunas de mis conclusiones previas».
El racismo es un pecado antiguo
Según el Islam, quizás el primer pecado cometido en toda la existencia ocurrió cuando Dios ordenó a los ángeles postrarse ante Adán y Satanás se negó. Como dice el Sagrado Corán:
«Los creamos y les dimos forma. Luego dijimos a los ángeles: “¡Póstrense ante Adán!”. Todos se postraron excepto Satanás, quien no lo hizo». (7:11)
Dios preguntó: «¿Qué te impidió postrarte cuando te lo ordené?». Satanás respondió: «Yo soy mejor que él. A mí me creaste de fuego y a él lo creaste de barro». (7:12)
Se ha transmitido que el Imam Yafar al-Sadiq (p) dijo:
«Los ángeles pensaban que Satanás era uno de ellos, pero en el conocimiento de Dios no era uno de ellos. Él [Satanás] exteriorizó lo que había en su interior, manifestando sentimientos racistas e ira, al decir: “A mí me creaste de fuego y a él lo creaste de barro”».²
Por lo tanto, el único pecado que pudo haber precedido a la desobediencia de Satanás al mandato de Dios de postrarse ante Adán fueron los «sentimientos racistas y la ira» que albergaba en su interior antes de negarse a postrarse. Queda sumamente claro que Dios no tolera el racismo en ningún nivel, ya sea en el ámbito terrenal o en los ámbitos celestiales de la creación.
Cómo afrontar el racismo en nuestras comunidades
Lamentablemente, en nuestras propias comunidades podemos encontrarnos con frecuencia con la discriminación entre diferentes grupos étnicos y raciales. Esto puede ocurrir incluso entre distintas etnias provenientes de un mismo país. Para hacer frente a esta situación, una de las principales herramientas a nuestra disposición es recordar a nuestros hermanos y hermanas las palabras de nuestros modelos infalibles: el Santo Profeta (P) y su familia (p).
Se ha transmitido que el Santo Profeta (P) dijo:
«En el Día del Juicio, Dios [enviará] al fuego a quienes practiquen el racismo».³
Aunque esta advertencia pueda parecer muy severa, es posible que nuestras comunidades no sean plenamente conscientes de la gravedad de esta falta. Ciertas actitudes hacia diferentes grupos étnicos son ideas que se transmiten de una generación a otra. Un padre o una madre puede aconsejar a su hijo que «tenga cuidado con tal o cual grupo étnico» o que no se case con personas de otros grupos étnicos. Aquí se produce un choque directo entre determinados valores culturales y los valores religiosos. Este tipo de ideas contradice los principios islámicos, y las consecuencias de actuar conforme a tales ideas erróneas son muy graves, tal como advierte el Santo Profeta (P).
Por ello, es importante que cada persona adopte medidas concretas para esforzarse por eliminar la discriminación de su comunidad local. Pero ¿por dónde comenzar? Este esfuerzo comienza en el propio hogar.
Algunos consejos útiles para las generaciones mayores:
- Sean conscientes de los peligros que conlleva transmitir ideas culturales que menosprecian a otras etnias y que son incompatibles con los principios islámicos.
- Enseñen a sus hijos a ser prudentes y responsables en su trato con todas las personas, sin señalar a determinados grupos étnicos como mejores o peores que otros.
- No prohíban a sus hijos casarse con personas de otros grupos étnicos ni relacionarse con ellas; hacerlo es ilícito (haram). El matrimonio debe basarse en la fe y el buen carácter.
Algunos consejos útiles para las generaciones más jóvenes:
- Respeten a sus mayores y, al mismo tiempo, aprendan a distinguir entre los valores culturales y los principios islámicos.
- Comprendan que no todos los valores culturales son negativos, siempre y cuando no contradigan los principios islámicos.
- Aprovechen la oportunidad de aprender la lengua materna de sus padres y, una vez que lo hayan hecho, ¡intenten aprender también otros idiomas!
Un consejo útil para todos:
- Algunos de nosotros somos sumamente afortunados de vivir en países con mucha diversidad. Esforcémonos por conocer las culturas de los demás, tal como Dios dice en el Sagrado Corán: «¡Oh, gente! Ciertamente, los hemos creado de un hombre y una mujer, y hemos hecho de ustedes pueblos y tribus para que se conozcan unos a otros». (49:13)
Al dar estos primeros pasos, las prácticas discriminatorias dejarán de encontrar terreno fértil donde echar raíces y, con el tiempo, podrán disminuir gradualmente. Esto puede abrir el camino a nuevas iniciativas y a comunidades más fuertes, capaces de ofrecer un ambiente más sano y armonioso para las generaciones futuras.
¹ «Malcolm X’s (Al-Hajj Malik El-Shabazz) Letter from Mecca», consultado el 7 de febrero de 2018.
² Shaykh al-Kulayni, Kitab al-Kafi, vol. 2, cap. 119, p. 248.
³ Shaykh al-Kulayni, Kitab al-Kafi, vol. 2, cap. 119, p. 247.